Esta es la confusión con la que nos envuelve Rafael Correa. El socialismo del siglo 21 es una retórica y pura semántica para cubrir las aplicaciones de las experiencias fracasadas y ya vividas durante el siglo 20.

El escenario mundial cambió totalmente, y esa etapa de las repúblicas democráticas fundadas por la Unión Soviética para imponer un modelo de gobierno estatista y sin libertades electorales, ya caducó por los malos resultados frente al modelo de economía social de mercado, que por liberar las fuerzas productivos puso en manos del consumidor una tecnología que derribó las cortinas de hierro, y hace imposible que existan gobiernos totalitarios sin que los propios y extraños se enteren y rebelen. La información se globalizó, y ya no hay como aislar a las poblaciones frente a lo que sucede en cualquier punto del mundo. Por eso en Cuba hay controles y frenos al uso del Internet, teléfonos celulares, y posibilidad de televisión abierta, y eso hasta en Cuba se está acabando. La prensa es y será imperfecta, pero la prensa oficial no es prensa.

Preguntado que fue Rafael Correa en una entrevista de TV realizada por un periodista internacional cuyo nombre no recuerdo, si creía que en Cuba existía democracia, él respondió que sí y que en Cuba hay elecciones y que finalmente la democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo. Como consecuencia tenemos ya un gobierno en permanente estado electoral gastando a manos llenas el dinero en hacer encuestas coyunturales y gobernar en base de subsidios, cadenas nacionales, y una omnipresencia de su yo y ego. Cuando esto comience a fallar, se controlaran los Tribunales Electorales, y finalmente terminamos con el Partido Único y el líder, como Fidel, que dura 40 año, ganando todas las elecciones que él mismo las organizó a su manera. ¿Esa es la revolución ciudadana?

El socialismo es la meta de la democracia. Los países nórdicos son el ejemplo a seguir como modelo. No se alcanza un verdadero socialismo sin pasar por una evolución en democracia y para esto debe haber elecciones libres y transparentes, sin manipulaciones mediáticas como las que se están utilizando para arrancar el sí a una Constitución que se está redactando, pero cuyas aplicaciones se están implementando como hechos consumados mediante los llamados Mandatos. No hay socialismo posible sin que la voluntad popular madure, y jamás madurará por vías dictatoriales. El socialismo del siglo 21 pretende, contentar a los pobres con golosinas y promesas, estigmatizar a los empresarios y a la iniciativa privada para hacer del Estado el gran emprendedor que termina con convertirse en una fuente de corrupción mayor que la que suele haber dentro del sistema empresarial privado, porque ya no quedan instancias de control. El Estado debe controlar los abusos del mercado, pero jamás podrá controlar los abusos que el mismo Estado comete, peor cuando se diseña un super presidencialismo o dictadura personalista como el que ya caracteriza a Correa, a nombre de un proyecto político donde el mismo delinea el qué, el cómo y el hasta cuándo.