Sin lugar a duda, cuando usted lee la palabra «genealogía», de seguro piensa en rancios abolengos, hispanidades, prejuicios y discriminaciones sociales, ¿cierto? Pues bien, eso era antes.

Hoy por hoy, el estudio de la historia social y de los orígenes familiares ha tomado derroteros mucho más prácticos, más útiles y menos elitistas. En otras épocas, la genealogía sirvió para justificar y mantener el poder en manos de ciertos linajes, familias o personas, ya que se pretendía que las capacidades, el liderazgo y las facultades gubernamentales pertenecían a quienes, por generaciones, lo habían detentado (alguna gente sigue pensando así). Y eso fue verdad en ciertos tiempos y circunstancias particulares… pero no más.

El desarrollo de una conciencia histórica más amplia, la difusión de nuevas propuestas metodológicas a partir de las ciencias sociales y una visión cada vez menos prejuiciada ―pero más ideológica― de las diferencias socio-raciales han dado como resultado el perfeccionamiento del estudio de la genealogía como importante herramienta para las investigaciones sociales. Antropólogos, sociólogos, psicólogos y hasta economistas la toman como eje transversal para sus análisis.

Pero, ¿de qué le sirve al ecuatoriano de a pie, al ciudadano llano, hurgar en la historia de sus antepasados?

Pues bien, resulta que una de las razones para la crisis de valores que vive nuestro país, que tiene como principales representantes la corrupción y una ambigua identidad, es la falta de sentido de pertenencia al suelo que pisamos, y esa falta se debe a su vez a que la historia que hemos aprendido en la escuela y que se difunde por cualquier medio es una historia de presidentes, generales, obispos, reyes y caciques, es una historia que no le pertenece al ecuatoriano medio, sino sólo a sus «líderes».

La historia la hacemos todos, por más insignificante que parezca nuestra actividad. Asimismo, la historia ya la hicieron todos quienes nos han precedido: nuestros padres y sus hermanos, nuestros abuelos y sus hermanos, nuestros bisabuelos y sus hermanos… La mayoría de las veces, nosotros mismos desmerecemos lo que hicieron, pues nos resulta irrelevantes que hayan sido talabarteros, curtidores, carpinteros, costureras o “simples agricultores”, y no nos damos cuenta que cada uno ha formado parte de la dinámica económica del país, cada uno ha sido un engranaje más de la dinámica social y cultural de nuestro país. Rescatar lo que hicieron, insisto, por más insignificante que parezca, afianza lo que somos, porque nos hace dueños de una parte de la historia, herederos de una responsabilidad compartida que nos debe hacer sentir orgullosos de lo que somos.

Además, nadie se hace solo ni solo llega a donde llegue. Esas circunstancias de las que nos habla Ortega y Gasset son, en parte, resultado de las circunstancias de quienes nos rodean, comenzando con nuestros padres, por lo que han hecho o han dejado de hacer con nosotros, por su presencia o por su ausencia. Cada ser humano es producto en primera instancia de sus padres, y éstos a su vez de los suyos y, así…

«No podemos saber a dónde vamos si no sabemos de dónde venimos». Esta es la premisa básica para justificar el interés por conocer de nuestros antepasados.

Quien se interese por el tema, puede escribir a mi correo, omalvara@yahoo.es, y puedo darle algunos indicaciones para investigar. También pueden visitar la mayor base de datos genealógica dedicada a Ecuador en http://gw.geneanet.org/ecuadorgen, en la que se ha tratado de incluir no sólo las genealogías de «familias conocidas».