Opinión

El cierre de la Mutualista Benalcázar

Siempre he manifestado que el cierre de una entidad financiera mal manejada, bajo el título que ostente, es una obligación de las entidades de control. El viejo cuento del “cuco” del desastre que sobreviene al sistema, no es más que eso: Un cuento.

Una entidad financiera no es más que una forma de comercio más; si le va mal en su manejo quiebra y si lo hace con la debida precaución prospera; como se trata del manejo de capital ajeno entregado basado en la buena fe, se legislaron las medidas de control y precautorias.

Para la crisis de 1999 (que se dio por la Indolencia y, sabe Dios, qué otros basamentos para contubernios de las autoridades) con el fin de mantener el espíritu de confianza de la población, se creó la Agencia Garantía de Depósitos; con una linealidad, por decir lo menos, torpe y antitécnica. De ahí que el verdadero atraco – muy por encima del de uno o dos banqueros que arrasó a los demás – fue la existencia de la funesta AGD.

La imposición a nuestro procedimiento de acatar las buenas Normas Bancarias de Basilea, nos hizo pensar a muchos en que podríamos tener más confianza y denominadores claros para el análisis de los Balances; adicionalmente, para una fácil referencia del público se obligaba a mantener el modelo mundial de calificación económica, cuyo tope es el AAA y, aún cuando existen menores si usted ve uno con B, aplique el dicho: El que huye vive.

En el caso de la Mutualista Benalcázar causa turbación que haya recibido una calificación AA-, asignado por la calificadora de riesgos Ecuability S.A. en diciembre del año pasado; recordemos que esta misma calificadora tuvo la responsabilidad de calificar al quebrado Banco de los Andes. Descargando su responsabilidad en que actuaron de acuerdo con los datos entregados por los “Auditores Externos”… Vamos… Vamos… ¿no fue acaso negligente esta empresa que debe tener un perfil intachable de forma y fondo al no verificar físicamente cuando menos un muestreo de los datos? Igualmente, la Superintendencia de Bancos, las aceptó a rajatabla y permitía que sigan publicitando la Calificación de Riesgo alta incluso cuando ya estaba intervenida.

Transcribo lo publicado por el Diario el Comercio del día 11 del presente, sobre lo manifestado por el señor Presidente Rafael Correa al final de su cadena radial del día anterior: “Se acabó la fiesta para el sector financiero, se aplicarán las reglas”. Para el Mandatario, esta institución venía con problemas desde hace tres años, no obstante pidió a los depositantes que estén tranquilos. Aunque este pedido no tuvo eco entre los clientes, quienes se reunieron en el parque El Arbolito para organizarse.” … “Sobre el tema habló máximo 40 segundos, de los cuales gran parte los invirtió en atacar a Fernando Pozo, presidente del directorio de la Asociación de Bancos.”

Estamos ante un caso grave de omisión culposa que puede incluso ser por parte de las entidades de control solidariamente penal y no sólo de los Directores de la muy antigua y antes acreditada Mutualista, si no de los auditores externos, interventores y calificadora. Esto si causa suspicacia. Cabe meditar ¿si los intervinientes hubieran sido de otro sector demográfico no estarían con medidas de “prisión preventiva” (que me parece lo más injusto y sinvergüenza que hoy se estila) u otras precautorias…? ¿Se aplicarán por ubicación u altura?

El señor Presidente, muy versado economista, puntualizó que el problema viene desde hace unos tres años (36 meses) y de ese tiempo él ha estado el último año y medio (18 meses), quiere decir que los que debieron recalcarle el problema (porque aparentemente si lo conocía) le han fallado y lo han hecho quedar mal permitiendo que la ilegalidad e incumplimiento siga y se maquille.

Debo concordar que el caso de la Mutualista Benalcázar es un hecho aislado dentro del Sistema Financiero. Hay Bancos muy solventes que si se están manejando con seriedad y prudencia y actúan como motores impulsores del desarrollo económico del ciudadano común y el país; hay que resaltarlos y mantener el gobierno diálogos abiertos con ellos sobre su problemática.

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