Opinión

¿Hasta cúando?

La Asamblea Constituyente sigue con sus desatinos, y tal parece que continuará actuando de esa manera hasta que por fin terminen sus malhadadas acciones en el próximo mes de junio en el que en hora buena  el país se verá libre de una mayoría de “levanta manos” que sirven muy poco y a un costo de millones de dólares, esto es, que solamente valen para succionar los dineros de todos los ecuatorianos y satisfacer sus sentimientos revanchistas propios de comunistoides, de socialistas del siglo XXI, y de resentidos sociales.

A punto de cumplirse el original plazo que en mal momento el pueblo ecuatoriano les otorgó para elaborar una nueva Constitución, no han hecho otra cosa que “fabricar” leyes y mandatos contrariando en forma expresa el encargo popular.

En días pasados y con motivo de llegar una nueva fecha del día del trabajo, los asambleístas, encabezados por su presidente, fueron protagonistas de un acto pueblerino, de muy mal gusto, y además  bochornoso cuando recibieron a unos músicos sinfónicos  –los que seguramente fueron obligados a asistir a Montecristi-, e interrumpiendo sus como siempre desacertadas labores procedieron a bailar cachullapis, sanjuanitos, merengues, etc. en actos que avergüenzan al país… “Robándole las horas a Dios” como dice la filosofía popular ecuatoriana.  Qué triste e irritante fue ver al Presidente de la Asamblea sacar su pañuelo y sacudirlo casi en el piso mientras danzaba en compañía de Aminta Buenaño… ¡Qué tal espectáculo!… ¿Qué celebraban?… ¿Acaso los miles de nuevos desempleados que quedarán luego del mandato que suprime a las tercerizadoras?

Las inacciones son interminables.  Otro ejemplo:  La pretendida intromisión en otro de los organismos del Estado  -la Función Judicial-  por parte de un asambleísta que en sus sueños de perro y adoptando poses de Júpiter tonante se cree ser el “Non plus ultra” de la política ecuatoriana y que en una no lejana ocasión, cuya fecha se me escapa, se refirió a quien mencionó que un artículo  de la nueva Constitución era una copia de la Constitución venezolana, espetándole que “Eso dicen los esbirros” y, además mencionó una palabreja en quichua que quien sabe qué diablos quiere decir.  No entiendo cómo el aludido no replicó que el tal asambleísta sí es uno de los esbirros de Correa, Chávez, Morales y Fidel… “El burro hablando de orejas”… y lo que es peor, que se trata, según denuncia de un Magistrado de la Corte Suprema, de un traficante de tierras, razón por la cual tiene varios juicios en su contra.

Hay tantos y tantos desaguisados que se cocinan en la Asamblea que serán motivo de algunos artículos más para tratarlos  como ser aquello de la “Autonomía del cuerpo”; “El placer sexual”… (Cuánta profundidad de pensamiento); la exoneración de culpa al cesado por corrupción Superintendente de Compañías; la defensa de los asesinos muertos o heridos en el “Paradero turístico” de propiedad de los terroristas de la FARC y construido en territorio ecuatoriano, junto al alias Raúl Reyes, y otras tantas cosas que hasta caen en lo ridículo como ridículos son  -por decir lo menos-  sus propulsores.

¿Hasta cuando el país tiene que seguir soportando tanta iniquidad?.  Debería, de una vez por todas, censurar a esos “levanta manos”  por haber incurrido en el delito de estafa al ingenuo pueblo ecuatoriano y cobrarles, por cualquier vía legal,  los más de sesenta millones de dólares que hasta hoy le están costando a la Patria y que por su obra y gracia se han echado al tarro de la basura en lugar de haberse construido escuelas, carreteras, equipamiento de hospitales, generado fuentes de trabajo, solidaridad y ayuda a los damnificados por los estragos de los embates de la naturaleza como ser las demenciales inundaciones, etc. …  Un muy largo etcétera.

Lo mencionado en el párrafo anterior es perfectamente válido para  otras entidades como el tristemente célebre Tribunal Supremo Electoral y las sumisas e ineficientes Procuraduría General del Estado y Superintendencia de Bancos, así como también a la otra alfombra del economista cual es el mal llamado Tribunal Constitucional.

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