Hace pocos días leí un artículo acerca de la importancia de los signos de puntuación en la escritura, su efecto transformador sobre una misma frase y como puede cambiarse totalmente el sentido de lo que se quiere expresar si se utiliza otra puntuación gramatical;

Me acordaba, mientras leía, de la frase más repetida en los medios de comunicación los últimos meses y que sirve de título a estas líneas;

Frase que se ha convertido en el principal instrumento de propaganda del régimen de Correa y que, en primera instancia, pudiera sonar conmovedora y hasta alentadora, pero que al pasar de los días y de las acciones presidenciales se ha ido convirtiendo en una frase equivocada y engañosa, por la utilización de los signos que la acompañan;

En efecto, la tan mentada frase aparece en la propaganda oficialista entre grandes signos de admiración, pretendiendo significar que los ecuatorianos hemos vuelto a tener patria, que el Presidente Correa nos la ha regresado, que se han terminado las malas prácticas políticas, que hemos desterrado finalmente la corrupción, la discriminación y las injusticias sociales, que estamos edificando las bases de una verdadera democracia participativa, que los derechos de nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, no volverán a ser conculcados… nada más alejado de la verdad;

El presidente y su errática forma de gobernar se han encargado solos de cambiar los grandes signos de admiración por unos gigantescos signos de interrogación ¿La patria ya es de todos?  Y me pregunto además ¿Cuál patria? ¿Cuáles todos?  

Pues me imagino que la patria que el Presidente irrealmente percibe o que distorsionadamente imagina y publicita sí es de todos, pero de todos los que piensan como él y que comparten su círculo íntimo de poder e influencia, el resto… no tiene cabida en esa patria de propaganda oficial.

Nosotros, los ciudadanos rasos,  somos dueños de la otra patria, la real, la de la injusticia y desigualdad social, la de la intolerancia, el abuso de poder y falsa democracia, la del cinismo, la revancha y politiquería, la del centralismo y la enjundia estatal, esa patria que siempre nos ha atormentado, esa que, a una gran mayoría de ilusos que le creyeron, el presidente – candidato, a pesar de sus promesas, no ha podido cambiar.

Por si acaso, previendo cualquier manifestación de intolerancia oficial, me permito recordarle al presidente una frase de alguien a quien el dice admira mucho, Simón Bolívar, que cobra enorme vigencia en nuestra patria, especialmente en estos días.

"El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores."
Simón Bolivar