La sobredimensionada bulla por un Casino que una empresa desea que funcione en Guayaquil es importante en este momento para mantener al pueblo viendo circo y no las barbaridades e ilegalidades que el “gobierno” por sí, y por interpuestos sumisos, están cometiendo.

Un monopolio es bueno para el propietario. No tiene que esforzarse en mejorar, puede hacer lo que le da la gana y manejar el mercado a su antojo; pero, para el pueblo es una calamidad.

Es difícil entregarle limpiamente la patente de corso a una persona natural o jurídica, el de los Casinos ha venido logrando -a costo de gran esfuerzo físico y metálico- establecer condiciones que tan sólo él o su “grupo” pueda cumplir. Querer sobrevivir sin ser parte del pacto es más que un infierno, es un imposible.

El señor Félix Chan-kong Guin, Cónsul de China, construyó un bello lugar turístico en la Avenida Carlos Julio Arosemena, más o menos al frente de la Universidad Católica. En el primer piso ambientó un local de restaurante asiático mezclado con vistas de elementos de la naturaleza que era precioso; en el se servían exquisiteces. El segundo piso lo había destinado para un Casino, para el que jamás logro permiso de funcionar, con tantas trabas que le pusieron. Él fue asesinado en condiciones y por razones que nunca se pudieron determinar.

Terribles relatos hay sobre los que le ha pasado a todos los que no se quisieron encasillar.

Un Casino por definición es un lugar que permite mantener actividades de juegos de azar. Los Casinos muchas veces son establecidos cerca o dentro de un hotel, Centros Comerciales, o lugares de Convenciones o de vacacionar.

Las Vegas, el lugar más emblemático para Casinos y el juego, tienen muchos que operan fuera de hoteles. Hasta en el Aeropuerto se encuentra lugares para apostar. En otros Estados, cuando no permitían la actividad, habían barcos cruceros que salían y al llegar a aguas no territoriales habrían sus mesas de juegos.

A mi no me gustan los juegos de Casinos porque es imposible que usted pueda ganar. Y han agregado a la condición de a la “suerte” un porcentaje que siempre les es en su ventaja. Por ejemplo: En la ruleta le pagan 30×1 pero las probabilidades que usted juega son 37 o 38 a uno (dependiendo de los ceros); ya hay una utilidad mínima de 23,33% ¡y con que velocidad que se repite! Las peores son las maquinitas, bien llamadas ladrones de un brazo, que según el momento y circunstancia las ponen para que paguen desde 52 a 68 por cada 100.

Para los clientes “vivos” que desean valerse de trucos informáticos, los sistemas de detección son impresionantes y cuando localizan a alguien su foto es circulada en el gremio mundial para prohibirle la entrada. Lo menor es la cárcel, otros terminan en un tacho de basura y algún suertudo en un hospital.

Una autoridad que actúa lícitamente debe otorgar los permisos que por Ley está obligado a entregar –le guste o no le guste. Por eso el alcalde Jaime Nebot S., que ha atestiguado que a él no le gustan, tuvo que darlo al estar dentro de la Ley lo solicitado; el no hacerlo hubiera sido desacatar e incumplir la ley en contra de x,y,o z, empresa, negándoles el derecho a igualdad de oportunidades.

El asunto no puede ser si el Casino debe estar en un Hotel o no. El punto es: ¿Deben permitirse los juegos de azar casinos o no? O se permiten en todas partes, o se prohíben ¡punto!

Lo más infame que se da, son las máquinas de juegos que por miles están regadas por todo Guayaquil y el país. Cuando uno pasa frente a ellas lo que más se ven son muchachos y jóvenes menores usándolas, algunos aún con los libros bajo el brazo.

Que triste manera de botar lo que necesitan. Debemos preguntarnos ¿de dónde sacan el dinero? Estudios sociológicos han demostrado que comienzan por malgastar lo que reciben, para luego robarles a sus padres y evolucionar al robo o prostituirse. Cuál será el que protege a los dueños de las máquinas que aunque siempre las van a “incautar” cada día hay más.

Me pregunto ¿por qué tanta bulla por un Casino, que generalmente, al menos, evitan a los menores de edad, dan cuantiosos réditos al fisco, proporcionan un malhadado interés turístico y generan demanda de mano de obra directa e indirecta en cantidad? Mientras miles de miles de máquinas clandestinas que promueven el daño social son toleradas y bienvenidas para el bienestar de los encargados de controlar que NO existan.

Muy correcto el planteamiento del señor alcalde Jaime Nebot S., cuyo resultado debería ser imperativo para todo el país: ¿Se deben o no permitir Casinos?