Recuerdo al Padre González Poyatos SJ. cuando en un retiro nos decía que si la moral fuera sólo en blanco y negro, sería muy fácil, pues lo blanco sería bueno y lo negro malo. El problema viene cuando tenemos que aceptar que entre el blanco y el negro hay toda la gama de grises, desde el blanco casi gris, pasando por el gris claro, el gris medio y el gris oscuro, al gris casi negro y cuando las personas empiezan a acomodar su criterio de moral a su conveniencia, juran que están en el blanco, cuando están en el negro retinto.
La ética y la moral, si bien es cierto que pueden ir cambiando con el tiempo y que se van aceptando o tolerando ciertas cosas que años atrás se consideraban malas, no es menos cierto que estas se van tolerando porque las cometen más personas y cuando la mayoría lo hace… Pero esto no dice que eso ya no sea malo, sino que la mala forma de actuar se ha generalizado. La honestidad, la hombría de bien, es una sola.
Primero se aceptó que el grupo gobernante de turno saque a los empleados del gobierno anterior de los puestos públicos y nombre en vez de estos a gente de su partido. Esto podría tener significado si se hablara de poner gente de la confianza del que gobierna en puestos clave, pero no es así. Es en verdad una forma de premiar al que ayudó en la campaña. Se los escoge no por la capacidad para el cargo, sino por el compromiso adquirido por los votos, y se crean más y más puestos para pagar más compromisos. Así mismo, es vox populi la venta de ciertos puestos públicos en los cuales los que los ejercen pueden recibir pingues ganancias por medio de “favores” o coimas. La capacidad, el conocimiento, la honradez, no valen. Lo que vale es la palanca.
Luego se ha comenzado a cobrar a los favorecidos por el usufructo del cargo. Toda clase de dicotomía es penada por la ley, pero su santidad, el Presidente, habla y es considerado autoridad moral y declara que eso no es malo porque el gobierno anterior también lo hizo. Así mismo, en gobiernos anteriores se desataron escándalos por la renegociación de la deuda externa, por el atropello y la compra de la justicia, por los negociados, por el incumplimiento de obras, por contratos hechos a dedo, por el atropello a las otras funciones del estado, y el gobierno entonces considera que si los otros lo han hecho, ya esto no es malo y es digno de imitación. Esta es una buena explicación del como y el porqué de esta doble moral que estamos viviendo en el país.
Ser pillo es ser “sapo”, no es ser ladrón. Por eso es necesario defender a los pobrecitos ladrones, asesinos, secuestradores criminales, asaltantes, terroristas. Está bien asegurar a las FARC que esta es tierra segura para ellos, que nuestra forma de ver los derechos humanos, es sólo para defender al asesino, no al asesinado, porque ese ya está muerto. Al asesinado no se le puede sacar nada, al asesino se le puede cobrar aunque sea un diezmo, como a los servidores públicos.
¡Viva la sapada! ¡El ladrón es el que vale, el hombre honrado es un monstruo aberrante y debe desaparecer! ¿Es ese el mensaje?
