Opinión

Las autonomías y el voto con los pies

Los ecuatorianos estamos en constante búsqueda de un cambio de modelo económico – político que se traduzca en mejoras reales significativas en el nivel de vida. El ámbito de la administración pública no queda excluido y de hecho, representa la puesta en práctica del cambio. El modelo centralista de poder gubernamental que nos ha caracterizado desde el inicio de la república junto con la paternalista centralización administrativa, acentuada en el transcurso del siglo XX, han sido una de las principales causas de todas las crisis económico – políticas que ha sufrido el País. Es hora de buscar alternativas y qué mejor que “mirar” al mundo para encontrar los modelos de desarrollo que funcionan. La incapacidad de la planificación centralizada para lograr eliminar la pobreza hace que las autonomías se presenten como el camino a seguir, veamos por qué:

Las Autonomías y la eficiencia.
La eficiencia en el desempeño de las autonomías se explica con el mismo criterio del funcionamiento de una economía de mercado, trasladando los principios del proceso de mercado a la organización política. Es decir, la eficiencia en la economía de mercado se da cuando entre los actores que intercambian bienes o cualquier otro valor, no existe exclusividad por la fuerza. Si en el mercado un determinado productor ofrece un bien que no satisface las necesidades del consumidor, o simplemente es relativamente “peor” al ofrecido por otro productor, el consumidor tiene el “derecho” a escoger el producto que más satisfaga sus requerimientos. Este sistema de competencia premia e incentiva, trasladando ganancias, a quienes ofrecen lo que el consumidor necesita, garantizando la oferta permanente de dichos bienes deseados y el constante incentivo a la eficiencia por la competencia existente. Trasladando dicho razonamiento al sector público, el consumidor/votante podría elegir la región o autonomía provincial que más satisfaga sus preferencias de bienes públicos y marco institucional. En nuestro caso, las autonomías pueden ser entendidas como regímenes federales con una circunscripción territorial provincial. Con un gobierno central las condiciones para el consumidor/votante están dadas y no tiene opciones, bajo un sistema de autonomías sucede lo contrario, ya que estas tienen sus ingresos y gastos muy relacionados con la existencia en su territorio de dicho consumidor/votante, y este a su vez se establecerá en la región que mejor satisfaga su juego de preferencias.

De implantarse este sistema de competencia entre las organizaciones políticas ecuatorianas, esto resultaría en una “camisa de fuerza” que evitaría que los políticos exploten a sus ciudadanos y empresas, tanto en el ámbito del gobierno central como en la autonomía provincial. En el primer caso, el gobierno estaría limitado porque los recursos estarían repartidos entre las diferentes autonomías y su campo de acción sería limitado y transparente; mientras que en el segundo, las autonomías provinciales estarían limitadas por la capacidad del consumidor/votantes de movilizarse.
A la capacidad de movilizarse del consumidor/votante muchos académicos le llaman el “voto con los pies”, que como hemos visto no hace referencia al voto no meditado. Más bien, se refiere a una forma de votar muy racional e íntimamente ligada a la naturaleza humana, el emigrar hacia donde existen más oportunidades para mejorar el nivel de vida de uno y de su familia. Para los ecuatorianos y para la mayoría de latinoamericanos este tema sólo se lo podría relacionar con la tristeza de familias separadas y remesas. Pero hoy tenemos la oportunidad, una vez más, de implementar cambios para el bien de todos. Veamos como este sistema ha funcionado en otros lugares como Europa y EE.UU. Comencemos por EE.UU.: hace un par de meses atrás, en una conversación con Don Manuel “Muso” Ayau, fundador de la prestigiosa Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, me señalaba que un pilar fundamental del desarrollo norteamericano ha sido el “voto con los pies”. Ciertamente, decía él, la burocracia y los políticos norteamericanos poco o nada se diferencian de los nuestros. Lo unos, para conseguir votos, ofrecen todo lo posible y lo imposible a los votantes; mientras que los otros, burócratas, para garantizar su estabilidad en su privilegiado trabajo, presionan al alza el gasto público, con la siempre políticamente correcta justificación del “gasto social”. Pero, a diferencia de lo que tenemos en Ecuador, ellos tienen a 50 Estados, 50 modelos sociales compitiendo entre sí para atraer a los inversionistas nacionales y extranjeros. Y no sólo los inversionistas, ya que, como la masa profesional obrera puede trasladarse de un lugar a otro, un Estado que ahuyenta inversionistas con exageradas regulaciones, tasas elevadas de impuestos, poca estabilidad de reglas y todo lo demás a lo que los ecuatorianos estamos acostumbrados, pierde parte importante de sus contribuyentes, que como es normal, se trasladan a los Estados donde más riqueza y puestos de trabajo se crean. Este hecho, ha sido el factor decisivo para impedir que los demagogos y la poderosa burocracia norteamericana saque del camino del desarrollo a los EE.UU.

El mismo fenómeno se está repitiendo en Europa. Este año Europa crecerá, por primera vez en seis años, a una tasa más alta que EE.UU. Stefan Theil de Newsweek, indica que “más que una política individual inteligente […] la clave de la reactivación de Alemania es la forma en que la UE ha fomentado la competencia tanto entre empresas como entre países miembros por las mejores políticas para crear empleos y aumentar el crecimiento”. Desde el 2004, la UE se convirtió en 27 Estados en plena competencia de modelos sociales donde su gente demuestra su disgusto o felicidad “votando con los pies”. Eslovaquia, Estonia, Irlanda, por mencionar algunos, con su simplificación tributaria, garantías para la inversión, apertura de mercados, obligan a los tradicionales países más dados al intervencionismo del Estado a que replanteen sus políticas sino quieren quedarse sin contribuyentes. Theil, citando al ex primer ministro de Eslovaquia, señala que “el impuesto plano de 19% que implementó no sólo benefició a los eslovacos sino a muchos más […] la competencia dentro de la UE por los impuestos y el modelo social es la mejor forma de hacer competitiva a Europa”. ¿Qué sucedería si pusiésemos a Ecuador en medio de Europa? Nuestro modelo social que ha dado lugar a que, según el informe haciendo negocios del Banco Mundial (www.doingbusiness.org), seamos uno de los países con más trabas a la creación de empresas, con rigideces en la legislación laboral, arbitrariedad en hacer respetar los contratos, poca garantía para la inversión y débil derecho a la propiedad, haría que inmediatamente los ecuatorianos busquemos los países con hacedores de políticas más eficientes para vivir. Luego, vamos por mal camino si creemos que la intervención activa del Estado va a solucionarnos los problemas de empleo y pobreza, pero lamentablemente vivimos encerrados en la miopía de nuestros demagogos y un cambio de rumbo no se ve en el corto plazo, a menos que implementemos un model
o de competencia entre las organizaciones políticas, autonomías provinciales.

Que mejor para quienes creen que el socialismo del siglo XXI (entendido como la propuesta del presidente de Venezuela, Hugo Chávez) es el camino a seguir, que comparar sus resultados con un modelo de libertades. Al igual que Europa y EE.UU., pongamos a competir modelos de desarrollo, uno como el guayaquileño, dado a la apertura comercial y a la atracción de inversiones; con el que promueve el gobierno, dado al desarrollo hacia adentro o restringido a Sudamérica, o con el modelo manabita o el esmeraldeño, etc. El “voto con los pies” definirá cual es el exitoso, y capaz con esto por fin, encontremos la vacuna contra los politiqueros demagogos.

0 Comentarios

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    Carlos-Julio Velasco

    excelente artículo…aunque a favor de las autonomías, nunca había pensado en esa ventaja política..una suerte de compentencia entre sistemas a ver cual funciona y que los ciudadanos se mudan a donde les parece el lugar más adecuado. De hecho, eso pasa con nuestro emigrantes, que estan emigrando a Italia, España, USA, y no a Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia o Corea del Norte(Por algo será). Eso es precisamente una de las razones por las que éste régimen retrogrado e igualador hacia la pobreza,no a la riqueza como debiera, ataca a Guayaquil y al Guayas, pues es el ejemplo que tenemos más grande en el país(sin menospreciar a Loja, Cuenca, Baños, Machala y el Cotacachi de Auki Tituaña-más grande como referente por población y visibilidad)de un funcionamiento mejor, de un sistema que funciona medianamente bien (imaginense lo que sería si funcionara optimamente, pues hay fallas tanto internas como externas), algo que sin duda le revienta a Correa y su buró: No se puede negar que es un sistema muy superior al propuesto por el socialismo del siglo XXI

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    Carlos-Julio Velasco

    Ojalá este gobierno, que negó la distritalización en su proyecto constitucional pese a ser oferta de campaña, sea derrotado en las urnas para poder impulsar en nuestro país este sistema de votación móvil. Este «voto con los pies». Parte del libre albedrío del hombre y que es la base de la eficiencia del sistema de libre mercado.

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    Alfonso Y.

    Aplaudo a los administradores de esta web pues me parece muy acertado que, entre tanto pintero aniñado, dejen que escriba uno que otro cholo.

    BUena, señor Molina.

    AYE

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    Cristóbal García

    Aunque algo atrasado (solo un par de meses), quisiera comentar al señor Velasco.

    Yo no veo que el Emperador (Enterrador) Correa ataque a Guayaquil, sino a sus élites. Lo que pasa es que la manipulación de estas está tan fijada en el inconciente colectivo de mi ciudad (muy inconciente, por cierto), que no se dan cuenta de cómo es la movida.

    Atacar a Nebot o a M. Arosemena no es atacar a Guayaquil.

    Yo soy guayaco y he vivido en Quito, y nadie en esa ciudad se siente ofendido si se dice algo en contra Moncayo, de Paz o de Sevilla. La gente de alla es conciente y sabe diferenciar entre UNA persona y el colectivo urbano.

    Aquí, en mi hermosa urbe (a la que amé antes de Febres Cordero y a pesar de toda la cochinada que era), la gente no entiende esa diferenciación. Somos burros.

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