Lo que nos faltaba a los GUAYAQUILEÑOS; ya no solo debemos enfrentar los perversos intentos de centralizar las entidades de la ciudad, sino que ahora tenemos el disgusto de ver que se le ha cambiado el nombre que –de un GUAYAQUILEÑO- tenía el estadio del GUAYAQUILEÑISIMO equipo Barcelona S.C. por el nombre nada GUAYAQUILEÑO de “Estadio Banco PICHINCHA”. Ingrata sorpresa en momentos en que esperábamos mejores días para Barcelona, y en instantes en que el centralismo arrecia con todas sus fuerzas en contra de GUAYAQUIL y sus obras para beneficio ciudadano, como lo demuestra el accionar del ratificado y sumiso Procurador General del Estado que, junto a los devaluados asambleístas de Alianza País y adláteres, se suma a los odiadores de esta ciudad.

¿Cómo se llegó a esto en Barcelona?... ¿Fue decidido en una Asamblea de socios?

Barcelona S.C., club que nació en mayo 1 de 1925, en el GUAYAQUILEÑISIMO barrio del “Astillero” posee un estadio ahora con un nombre que nada tiene que ver con su origen, que nada tiene que ver con su patria chica, que nada tiene que ver con su estirpe, que nada tiene que ver con sus méritos, entre ellos el ser el único equipo ecuatoriano que ha sido en dos ocasiones vice campeón de América.

Parece una pesadilla, parece que se hubiera vendido la progenitura por un plato de lentejas, o lo que es peor, parece que se lo hubiera vendido por 30 monedas al mejor postor.

Considero oportuno mencionar que soy BARCELONES de toda la vida, por lo tanto cuando nacieron los jóvenes Maruri y Noboa, yo ya tenía algunos años de serlo; desde muy pequeño asistía al viejo estadio Capwell para ver jugar al por demás GUAYAQUILEÑO Barcelona, especialmente cuando jugaba con su vecino de barrio el también GUAYAQUILEÑISIMO Club Sport Emelec.

Tuve la oportunidad de ser testigo presencial del triunfo del muy GUAYAQUILEÑO Barcelona del “ñato” Romo, “pibe” Sánchez, “cholo” Chuchuca, “pajarito” Cantos, entre otros, por 3 a 2 sobre el poderoso equipo de Millonarios de Colombia de Pedernera, “saeta rubia” Diestefano, Rossi, etc.

Seguro estoy que los GUAYAQUILEÑOS seguidores de Barcelona piensan como yo y por consiguiente están en desacuerdo con el nombre que hoy se le ha dado al estadio barcelonés, pues no existe ninguna razón valedera para que se lo cambie por un nombre diametralmente opuesto al club y a GUAYAQUIL.

Barcelona, al igual que Emelec, es un equipo de gran raigambre popular y si bien es verdad que actualmente ambos tienen connotación nacional (Especialmente Barcelona de quien acertadamente se dice que tiene la mitad más uno de todos los aficionados), no es menos cierto que sus génesis están en el barrio del “Astillero”: Más GUAYAQUILEÑISIMOS no pueden ser. Menciono esto para pedir a los fanáticos emelecistas que “pongan las barbas en remojo” a fin de que ni remotamente les suceda algo parecido.

Soy optimista y por lo tanto confío que lo sucedido con el nombre del estadio no pase de ser un apresuramiento de la hasta hoy bien intencionada dirigencia de Barcelona; que se revea la tal decisión, y si en una Asamblea de socios, por alguna razón necesaria o suficiente se decida cambiarle el nombre al estadio, se lo haga por algún otro que, como condición “sine qua non”, esté íntimamente ligado a nuestra ciudad GUAYAQUIL.

Por lo demás, y mientras esto último no suceda -aunque la mía sea solamente una voz en el desierto- declaro que no regresaré al estadio con un nombre tan mal puesto.