Opinión

"Non son la stessa cosa“

El compositor italiano, Ruggiero Leoncavallo autor del libreto y la música de la opera  Pagliacci…Payasos, o I Pagliacci…Los payasos -basada en un hecho real ocurrido en su adolescencia en Montalto de Calabria al sur de Italia- escribió en su obra una aria que, entre otras cosas dice, “Un tal gioco, credetemi, é meglio non giocarlo…“Ese juego, creedme, es mejor no jugarlo”…a continuación manifiesta…“El teatro e la vita non son la stessa cosa…No, non son la stessa cosa…“El teatro y la vida no son la misma cosa…No, no son la misma cosa”…y concluye esa hermosa aria con el verso inicial…“Un tal gioco, credetemi, é meglio non giocarlo”… “Ese juego, creedme, es mejor no jugarlo”… 

Lo dicho arriba tiene, en cierta forma, que ver con la próxima asamblea constituyente que está por iniciarse dentro de pocos días. El país ha visto no con poco desagrado y preocupación que algunos asambleístas de Alianza País están tomando una postura muy radical manifestando que la asamblea, en virtud de sus “plenos poderes”, puede hacer y deshacer de todo lo que  se les venga a la mente, inclusive ya se tiene la idea de no poner a consideración del pueblo lo que hayan resuelto, esto es, que estiman que no sería necesaria la convocatoria a un referéndum para que el país apruebe o repruebe lo que se haya decidido, a pesar de que el pueblo así lo dispuso en el referéndum del mes de abril próximo pasado.  No se debe jugar así con  la voluntad popular.  

Señores, la Asamblea es algo muy serio, no es un circo, no es un juego…Un tal gioco, credetemi, é meglio non giocarlo…Ese juego, creedme, es mejor no jugarlo…

Hoy me referiré al tema relacionado con las reelecciones.  Es preocupante, por decir lo menos, que  pretenda impedirse la reelección de alcaldes, prefectos, concejales, consejeros, etc.  y que se dé paso a la reelección inmediata del presidente. He escuchado a algunos asambleístas de Alianza País manifestar que el presidente debe ser reelecto en forma inmediata y por una sola vez, y que eso debe ser válido para las demás dignidades de elección popular, argumentando  que lo que es válido para el uno lo es también para los otros por ser la misma cosa. Nada más equivocado…No, non son la stessa cosa…No, no son la misma cosa.

En un país tercermundista como desafortunadamente es el Ecuador, el gobierno de corte presidencialista  tiene todas las de ganar, tiene todo el dinero y el poder para usarlo a su favor en forma indebida produciéndose una enorme desigualdad. Lo señalado no es producto de la imaginación o de creer que podría suceder, es una certeza, es una realidad; acabamos de vivirlo los ecuatorianos en las recientes elecciones en la que hubo una lucha entre David y Goliat, solamente que en esta ocasión el vencedor no fue precisamente David.

Distinto es el caso de los  alcaldes, prefectos, concejales y consejeros; ellos están más cerca de los ciudadanos de lo que lo está el presidente, y si están haciendo una labor correcta, consecuente con los intereses de la ciudadanía, entonces lógico es que deban continuar en sus funciones. Tenemos ejemplos de burgomaestres que  han cumplido  con honradez, con deseos de hacer bien las cosas, con imaginación, y con buena voluntad, tales es el caso del alcalde de Guayaquil, quien ha ido bastante más allá de sus naturales obligaciones y ha hecho -y está haciendo- obras de verdadero interés social, y so tantas que enumerarlas será motivo de otro artículo. 

Hay otros ejemplos de alcaldes dignos de mencionarse como ser los casos de Machala, Manta, Quito, Cuenca, Cotacachi, etc.

Estimo oportuno dirigirme a los asambleístas en general –cualesquiera que sean sus ideas políticas- y en particular a los representantes de las provincias en cuyas ciudades haya alcaldes eficientes en sus trabajos, que no permitan que pasen leyes, que divorciadas de la lógica, impidan, detengan o atrasen  el progreso de sus ciudades.

El tema hoy tratado no es sino uno de los tantos que tendrán que abordar señores y señoras  asambleístas. Su responsabilidad es muy grande, y considero procedente iterar que debe respetarse a rajatabla el mandato popular; esto  no es un juego.

              …UN TAL GIOCO, CREDETEMI, É MEGLIO NON GIOCARLO…

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