Cualquier acto histórico, más que por el mismo hecho, importan sus antecedentes y trascendencia en la vida socio política- económica y, por qué  no decir humana, de las sociedades en que se forjaron y luego se activaron.

Tal parece que desde las ultimas décadas del siglo XVII a las primeras del siglo XVIII el mundo entero se conmovió cuando las ideas libertarias cual vorágine abrasadora, se prendían en hombres como Washington, Jefferson, Marat, Mirabeau, Montesquieu, entre nosotros, Espejo  que terminó sus días en las húmedas mazmorras, por hablar de libertad- igualdad y fraternidad.

José Maria Lequerica de Quito y José Joaquín de Olmedo, de Guayaquil, que cuando tuvieron que ejercer su diputación en las Cortes de Cádiz hablaban de eliminar las mitas y los obrajes a los indígenas, lo que significaba profanar el sistema esclavizante de entonces.

Entre otros Bolívar, Sucre, Miranda, O´Higins, San Martín, Artigas, Febres Cordero, Urdaneta, Letamendi.

¿Eran estos, espíritus superiores o predestinados…?

Lo cierto es que leyendo la historia universal de la libertad, que según Alejandro Dumas, en uno de sus libros “Ángel Pitou" nos relataba vívidamente, ese correr de la muchedumbre de hombres y mujeres, salidos de todos los rincones de Francia., esgrimiendo sus herramientas de labranza: horcas, palas y hoces, como resultado de lo que los grandes de la libertad, venían años atrás tramando subrepticiamente en reuniones secretas, algo así como cumpliendo un ritual bajo tres principios -libertad, igualdad y fraternidad. De allá, criollos los de América la absorbieron, hijos de españoles nacidos en suelo conquistado y que tuvieron el privilegio de ir a estudiar a Europa.  Hay que reconocer, a excepción de Espejo en la Audiencia de Quito, y otros mestizos en América, todos llevaban sangre de conquistadores, “solo sangre”, porque su mente y corazón era contra reyes y monarquías.

Conformaron allá y acá los grupos, secretos que profesaban la fraternidad universal y que por estar contra las monarquías, la iglesia los conjuró al infierno, estigmatizándolos como ateos y ser poseídos por el demonio, al punto de haber sido, algunos de ellos, condenados por la inquisición a morir en el poste de los suplicios, en la horca o en la hoguera.

Y sí que estaban poseídos, pero del ideal libertario, igualitario y fraternal entre los hombres de cada nación y el mundo.

Eso es lo que sucedió, en Guayaquil para 1820, porque las ideas vuelan con el pensamiento y llegaron conformándose lo que se llamó la logia “Estrella de Guayaquil”, eran las reuniones que venían dándose para tramar la independencia, y es a ella que se unen los 3 jóvenes oficiales del Batallón Numancia que venían expulsados del Perú como “subversivos” y fue el maestro de la “Estrella de Guayaquil” don Francisco Ma. Roca, quien les dio la bienvenida y aprovechando sus conocimientos militares, planearon el golpe.  Y eran esas reuniones tan inflamadas, que se prendían como fuego consumidor, que don  José Ma. Antepara le dio el nombre de  “Fragua de Vulcano”.

Y el golpe se dio, y fuimos libres ese amanecer del 9 de octubre, epopeya trascendente para la libertad de toda la nación.

Ese mismo día 9 de octubre, los próceres se juraron la libertad de toda la Real Audiencia de Quito-Hoy Ecuador-, y con ello nace también el 1er. Ejercito del País.

Un mes después noviembre de 1820, se constituyó la Asamblea que representaría a la Provincia de Guayaquil que expide el primer reglamento provisorio que sería-si nos atenemos al significado histórico-jurídico-la 1era. Constitución política del Ecuador.

Y entonces comienza la gran cruzada libertaria de el ejército hacia los Andes con su llamada “Primera división protectora de Quito” dirigida por Urdaneta y como segundo León Febres Cordero, formada por gente de acá y del Perú, -campesinos, obreros, toda gente idealista; salieron camino a la Sierra y en Cone tuvo su primera victoria, en el sitio llamado Camino Real en la provincia de Bolívar, como igual tuvo su gran derrota en Huachi.

Pero ésto no desalentó a los de la “Estrella de Guayaquil”, ni a los soldados patriotas aunque sufrieran la muerte de Antepara.

Entonces Bolívar que estaba en las justas libertarias de Nueva Granada, después de las batallas de Carabobo, Bombona y Boyacá manda al libérrimo Sucre `para comandar las huestes, que subieron al Pichincha llevando como abanderado a Abdón Calderón, con la bandera de Guayaquil.

Trascendente si, porque fue en Guayaquil donde se la fraguó, fue en Guayaquil, y con guayaquileños que se formó la hueste que proclamó dos años después la independencia de Quito, hoy Ecuador.

Sin 9 de octubre, imposible Cone, Huachi y Pichincha;-triunfos y derrotas, porque así se forjaron y forjan los grandes acontecimientos de la Humanidad.
Desde entonces, Guayaquil Independiente, siempre al frente, trabajando y produciendo, porque ninguna libertad es válida si sus hombres no trabajan ni producen, haciendo de cada acción provisoria la forja de ideales y principios en el fuego de cualquier escenario social-político,  económico o cultural, ardiendo igual que la Fragua de Vulcano del 9 de octubre de 1820.